Angela Harrelson, an aunt of George "Perry" Floyd, pictured in George Floyd Square on April 3, 2025, nearing 5 years since her nephew's murder. Credit: Aaron Nesheim | Sahan Journal

Angela Harrelson no tuvo elección.

Cuando el oficial de policía de Minneapolis Derek Chauvin asesinó a su sobrino, George Perry Floyd, Harrelson —su pariente más cercana en las Ciudades Gemelas— se vio en la situación de tener que asumir un rol más público.

De la noche a la mañana, Harrelson se convirtió en portavoz de la familia y, en general, en líder en la lucha por la justicia racial en Estados Unidos. Al principio, se mostró reticente. Pero Harrelson se apoyó en su fe y tuvo una revelación en forma de mensaje de Dios, según contó. Floyd logró decir “No puedo respirar” 27 veces mientras Chauvin se arrodillaba sobre su cuello durante más de nueve minutos. Siguiendo ese ejemplo, ella entendió que también podía ser fuerte.

“Si le di a Perry la fuerza para decir esas palabras: ‘No puedo respirar’, seguramente puedo darte a ti la fuerza para ser su voz”, dice Harrelson, recordando el mensaje de Dios para ella.

Harrelson, de 62 años, ha ido encontrando esa fuerza durante los cinco años transcurridos desde el asesinato de su sobrino, y ha ido ayudando a otros a hacer lo mismo. En 2022, publicó su libro “Levanta la voz: Cómo el asesinato de mi sobrino George Floyd cambió el mundo” y asumió plenamente su rol como figura pública.

Sigue activa como oradora y forma parte de Rise and Remember, organización sin fines de lucro dedicada a conmemorar la muerte de Floyd y a luchar por un futuro mejor. Así, se mantiene involucrada en la comunidad que ha construido desde el asesinato de Floyd. En la esquina de la 38th Street y la Chicago Avenue, en el sur de Minneapolis, donde Floyd fue asesinado, Harrelson parece a gusto. Saluda a sus conocidos y abraza a viejos amigos, preguntándoles por sus familias.

“Siento que contribuir a esta comunidad es parte de mi continuo camino hacia la sanación”, dice Harrelson.

Inmediatamente después del asesinato de Floyd, la atención se centró en Harrelson. Todo su tiempo se dividió entre coordinar con familiares, hablar con la prensa y seguir el juicio de Chauvin y sus tres compañeros policías de Minneapolis presentes en el asesinato. Con todo el proceso girando en torno a la muerte de su sobrino, Harrelson no tuvo el tiempo para procesar lo vivido.

“Cuando lo asesinaron todos nos vimos sumidos en un caos total, y no sé si tuve oportunidad de llorar su pérdida”, asegura.

“Tienes que alzar tu voz”

Harrelson crecó en una zona rural de Carolina del Norte en las décadas de 1960 y 1970. Allí, durante su infiancia y adolescencia vivió con discriminación constante. Su padre tuvo que luchar para que el autobús escolar recogiera a sus 14 hermanos, y cuando subían, los obligaban a viajar de pie. Sufrían burlas y, en ocasiones, agresiones físicas. Un día, recordó, una niña blanca dijo que no estaba bien obligar a los estudiantes negros a viajar de pie. Ese momento fue memorable para Harrelson. Es necesario actuar al presenciar una injusticia, dijo, especialmente si se tiene poder e influencia.

“Cuando estás en posición de marcar diferencia y eres el único que puede hacerlo, tienes que hablar con todo tu corazón”, dice Harrelson.

Angela Harrelson, an aunt of George “Perry” Floyd, pictured in George Floyd Square on April 3, 2025, nearing 5 years since her nephew’s murder. Credit: Aaron Nesheim | Sahan Journal

Al terminar la secundaria, Harrelson se mudó a Iowa para asistir a la universidad y se vio expuesta a un nuevo tipo de racismo. Carecía del veneno y la franqueza propio del racismo del sur, pero seguía siendo temeroso y desconfiado.

Durante su vida ha conocido a una amplia gama de estadounidenses. Sirvió en tres ramas del ejército: la Guardia Nacional del Ejército, la Reserva de la Marina y la Reserva de la Fuerza Aérea. Su nombramiento como oficial de la Fuerza Aérea la trajo a Minnesota en 1998. Es enfermera titulada y atiende a pacientes de todos los ámbitos.

Tras el asesinato de Floyd, Harrelson se tomó un tiempo libre del trabajo. Pero ahora ha vuelto a trabajar en el Hospital Regions, donde atiende a pacientes con problemas de salud mental. Hace poco, cuando llegó un paciente negro, un colega blanco hizo un comentario asumiendo que sería difícil tratar con él. Harrelson inmediatamente le respondió pidiendo que no estereotiparan a nadie. El colega se disculpó y ambos se abrazaron, dice Harrelson.

“Ahora soy una luchadora, pero siempre trato de hacerlo con amor”, dice.

La publicación de su libro en 2022 la llevó a participar regularmente como conferenciante. Lo que comenzó como un diario se convirtió en un proyecto real gracias al apoyo de amigos y periodistas que Harrelson conoció tras el asesinato de Floyd. Colaboró ​​con el abogado y autor Michael Levin para escribir el libro, que reflexiona sobre su vida y la historia familiar, hasta la muerte de Floyd.

“Fue un proceso realmente catártico. Al principio solo escribía para poder seguir adelante, pero luego los editores se involucraron”, dice Harrelson.

“Siempre soy optimista. Solo creo que son procesos lentos”

Harrelson convive con los “qué habría pasado si”. ¿Qué habría pasado si Thomas Lane, el agente que le preguntó a Chauvin si Floyd debía ser volcado de lado, hubiera insistido con más determinación? ¿Qué habría pasado si los agentes en el lugar hubieran usado su entrenamiento de RCP para ayudar a Floyd inmediatamente después de que este perdiera el conocimiento? Y sobre todo, sigue deseando que hubiese habido algo en la cabeza de Chauvin que le dijera “esta era una vida, esta era una vida humana”.

Harrelson cree que algunas cosas han mejorado desde el asesinato de Floyd. Está satisfecha con una ley de Minnesota que prohíbe a los agentes usar llaves de estrangulamiento y les ordena actuar si ven a un compañero violar las políticas de uso de la fuerza. De todas maneras, sigue queriendo que se elimine la inmunidad cualificada, que protege a la policía de daños y perjuicios en demandas civiles.

Vive en Eagan, pero pasa mucho tiempo en Minneapolis, sobre todo cerca de donde asesinaron a su sobrino. Ve pasar a la policía, pero rara vez los ve salir de sus patrullas. Desearía que estuvieran más involucrados en la comunidad, hablando con la gente.

“Siempre soy optimista. Solo creo que son procesos lentos”, dice Harrelson sobre el progreso desde el asesinato de Floyd.

Harrelson echa de menos a Floyd, a quien ella y otros familiares llamaban Perry, y recuerda cómo se desenvolvía en la comunidad. Floyd era carismático y cariñoso.

“Si hubiera sido otra persona la que hubiera muerto, él habría estado muy involucrado”, dice.

Harrelson perdió a un sobrino, pero dijo que ha ganado una comunidad en los cinco años transcurridos desde la muerte de Floyd. También ha asumido una importante misión: asegurar que se le recuerde, defender lo correcto, luchar contra el racismo y los estereotipos, y prevenir futuros errores.

“A pesar de todo esto, me he fortalecido y ahora no me importa alzar la voz”.

Andrew Hazzard is a reporter with Sahan Journal who focuses on climate change and environmental justice issues. After starting his career in daily newspapers in Mississippi and North Dakota, Andrew returned...